Boletín 13
Educación Financiera
Introducción
En la última década, América Latina ha experimentado grandes avances en las microfinanzas, de hecho algunos países han avanzado más que otros. Sin embargo, dichos avances podrían ser incluso mayores con una mayor cultura financiera en los nuevos grupos de clientes. Tomar conciencia sobre este aspecto es importante, debido a que algunos autores como Gómez (2009) afirman que la causa de la crisis financiera internacional, que originó la crisis global actual fue la falta de conocimiento de los agentes de los productos crediticios que estaban adquiriendo: las hipotecas sub prime. Así pues, el problema no concierne solamente a la falta de información, sino a la mala información de los agentes.

El objetivo de bancarizar a las poblaciones pobres parte de la idea de que estos segmentos sociales pueden mejorar sus condiciones de vida al contar con más y mejores servicios financieros. Desde el punto de vista de las entidades financieras hay ya consenso en que estos grupos de bajos ingresos tienen capacidad ahorro y de repago de créditos.
Es así que para lograr objetivos de inclusión financiera se requiere de un esfuerzo complementario de educación financiera , que a su vez lleve el proceso de inclusión financiera a ser parte de las estrategias de desarrollo de los segmentos de menores ingresos. Consecuentemente, la educación financiera debe ser un proceso en el que colaboren el sector público, el sector financiero y la sociedad civil (Dufays 2009).
La meta de la educación financiera es hacer a la gente más conciente de las elecciones que realizan y sus posibles consecuencias (Schreiner 2001). En este sentido, para ser efectiva, la educación financiera debe generar cambios en el comportamiento financiero de los individuos y familias. La premisa de que los comportamientos financieros de las personas pueden ser moldeados a través de la provisión de educación financiera ha sido demostrada en los estudios de Chow (2009), Clancy (2001), Bernheim (1997), Schreiner (2001), Trivelli (2009), entre otros. Es decir, lograr generar una cultura financiera.
A continuación, para el caso de países en desarrollo, sobre todo latinoamericanos, se describen los potenciales beneficios de implementar programas de educación financiera (por qué brindar educación financiera), de qué manera y a quiénes deben ser dirigidos, y se realiza un breve resumen de los programas de educación financiera llevados a cabo en los últimos años.
¿Por qué brindar programas de educación financiera?
Para Piprek, a nivel del individuo, una insuficiente cultura financiera puede resultar en decisiones pobres que afectarán a su bienestar económico; a nivel institucional la poca cultura financiera de clientes potenciales o actuales puede resultar en la selección de productos inapropiados que puedan afectar negativamente a los clientes y a las instituciones financieras; a nivel de mercado, el funcionamiento apropiado depende de un buen flujo de información (Piprek 2003: 5).
Ahorro, activos y buen manejo del dinero
La falta de información es un factor que determina en gran parte la recurrencia de los individuos al sector financiero informal, esta decisión los lleva a incurrir en altos costos que medran en sus ya limitados ingresos y dificulta su probabilidad de generar un patrimonio propio. Esto es mucho más preocupante en el caso de países en desarrollo, pues en ellos los individuos y hogares tienen pocos recursos y pocas oportunidades –en comparación con el promedio de la población-, están expuestos a muchos riesgos, no poseen mucho dinero, y el poco dinero que tienen lo manejan de acuerdo con una concepción de subsistencia diaria. Por todo esto, se requiere de un buen manejo del dinero para acumular activos de todo tipo y poder preservarlos (Carbajal 2008, Rutherford 1999, Sebstad 2003).
Entonces, para todos los individuos y hogares un buen manejo del dinero es un desafío diario. Para ello, la gente pobre ahorra de diferentes maneras: en ROSCAs, ASCAs, en ganado u otros instrumentos de ahorro menos líquidos, o en cuentas de ahorro formales (en instituciones financieras y microfinancieras). Asimismo, para reducir el riesgo de contingencias futuras, la gente pobre minimiza su consumo y gasto controlando flujos de ahorro, ahorrando para propósitos definidos, designando ingresos para gastos particulares, etc. No obstante, las estrategias creativas y complejas que usan los pobres en países en desarrollo para manejar sus ahorros se desarrollan mediante prueba y error, y no a través de un diseño previo y efectivo. Es por esto que la alfabetización financiera –alcanzada como resultado efectivo de la provisión de educación financiera- puede ayudar a las personas a mejorar el manejo de los riesgos que enfrentan diariamente y el planeamiento para el futuro. En países en desarrollo, la educación financiera puede jugar un rol muy importante en la promoción del ahorro y la acumulación de activos del hogar (Sebstad 2003).
La educación financiera beneficia a los individuos al permitirles entender mejor las opciones financieras que tienen a su alcance, pues brinda importancia al ahorro y al manejo responsable del crédito (no autorracionarse ni sobre endeudarse), así como herramientas que permitan comparar información de distintos intermediarios (Trivelli 2009). De esta forma, la educación financiera se vuelve esencial para una familia promedio que debe decidir cómo distribuir su presupuesto entre comprar una casa, ahorrar para la educación de sus hijos y asegurar un ingreso para el retiro de los padres (OECD 2006). No obstante, algunos individuos pueden no tomar al ahorro y a la planeación sistemática de un presupuesto como beneficiosos debido a la incertidumbre acerca de eventos futuros (Clancy 2001), ya que las conexiones entre el sacrificio actual y la ganancia futura –provenientes del ahorro- son abstractas (Schreiner 2001).
Por ello, en el caso de las poblaciones no bancarizadas –por lo general rurales y de bajos ingresos- la educación financiera debe encargarse primero de informar sobre los beneficios del ahorro y la planeación de presupuestos para enfrentar gastos recurrentes y gastos inesperados (muerte de un familiar, medicinas, sequía, etc.). Por otro lado, es importante informar a las poblaciones receptoras sobre productos financieros distintos de los tradicionales crédito y ahorro: los microseguros, por ejemplo, que permitirían cubrirse mejor ante las contingencias, siempre que estos productos estén a su alcance.
Servicios financieros adecuados
La educación financiera puede reducir los riesgos de prestar, proveer mejores servicios y tomar un enfoque centrado en el cliente. En primer lugar, consumidores educados adquirirán productos financieros adecuados para ellos, lo que disminuye el riesgo de no repago para las instituciones financieras, y disminuye, por ende, sus tasas de morosidad (Sebstad 2003). En segundo lugar, clientes mejor informados demandarán mayor efectividad y eficiencia en las operaciones de las instituciones financieras, así como más servicios financieros y de mejor calidad que respondan realmente a sus necesidades (Cohen 2006, OECD 2006, Sebstad 2003, Trivelli 2009). De esta manera, la educación financiera en países en desarrollo –que permita la alfabetización financiera de la población receptora- es oportuna y puede resultar en una situación de ganancia tanto para la gente pobre como para los proveedores de servicios financieros (Sebstad 2003), sobre todo para los intermediarios microfinancieros.

Se debe resaltar que las instituciones financieras que proveen de educación financiera se verán beneficiadas en tanto que la educación financiera permite mejorar el servicio a los clientes con lo que aumenta su ventaja competitiva, mejorará la calidad de la cartera con la adquisición de productos adecuados para los clientes con mayor probabilidad de repago y aumentará el fondeo propio al aumentar los depósitos, dando solidez a la institución y posicionándola como una institución socialmente responsable (Trivelli 2009). No obstante, en muchos casos las instituciones financieras pueden estar obteniendo beneficios justamente por la falta de información de estas poblaciones acerca de los servicios financieros formales, y de sus derechos como consumidores financieros, por lo cual no poseen un incentivo para la provisión de la educación financiera.
Protección al consumidor
En países en desarrollo se observa poco acceso a los servicios financieros y altos costos de acceso a ellos, sobre todo para poblaciones rurales y de bajos ingresos. Parece paradójico que los clientes más pobres sean quienes terminen pagando mayores tasas por sus préstamos al trabajar con intermediarios informales, en lugar de pagar menores tasas trabajando con intermediarios formales –si tuvieran acceso a éstos-. Específicamente, los hogares con menores ingresos y los pensionistas siguen siendo los más vulnerables a una mala planeación y esquemas de explotación, pues es más difícil para ellos, aunque no imposible, recuperarse después de un traspié financiero (Piprek 2003: 1). De esta manera, la falta de transparencia de los costos de los servicios financieros (formales) y el poco acceso a ellos evidencian la necesidad de proveer una educación financiera efectiva (WSBI 2006) como un medio de protección al consumidor.
El desconocimiento o la falta de información por parte de potenciales clientes, sobre los servicios financieros que ofrecen los intermediarios, refuerza también las asimetrías de información en el mercado: incrementa el desbalance de poder entre prestamistas y prestatarios que vuelve vulnerables a los clientes ante posibles abusos de los intermediarios financieros. Los consumidores educados son menos susceptibles al abuso del prestatario y están en una mejor situación para encontrar soluciones y compensación si son maltratados. El esquema apropiado de protección al consumidor para un país en particular dependerá de la madurez y tamaño de las prácticas de crédito (microfinanciero) y de la magnitud del abuso de los prestamistas (CGAP 2005). De esta manera, se considera que la educación financiera debe ser parte de un marco regulatorio de protección al consumidor financiero, que incluye también leyes de transparencia y mayor supervisión y regulación de las instituciones financieras
Educación financiera para la inclusión financiera y no financiera
Teniendo en cuenta que un solo curso de educación financiera puede tener beneficios de largo plazo e incluso permanentes en los participantes (Sebstad 2003), la educación financiera es entonces un paso necesario para proveer servicios financieros a las poblaciones pobres y desbancarizadas, a la vez que se reducen las desigualdades entre los clientes, con el objetivo de construir mercados bancarios que las incluyan y que a la vez sean sostenibles (Dufays 2009, Piprek 2003). No obstante, los programas de educación financiera para tener impacto sobre el bienestar, es decir para lograr un verdadero empoderamiento de las poblaciones más pobres, deben ir de la mano con el mejoramiento del acceso a los mercados y servicios financieros (OECD 2006), y de políticas que promuevan el desarrollo desde otros ámbitos. Es en este sentido que se ve a la educación financiera como un medio –para la inclusión no solamente financiera- y no como un fin (Cortazar 2009). Se debe resaltar también que existe una necesidad de explorar el potencial para integrar la alfabetización financiera en varios tipos de programas de desarrollo (Sebstad 2003).
Finalmente, siguiendo a Bernheim y Garret (1996: 17) se afirma que incluso si la educación financiera no ayudara, es probable que tampoco haga daño, pues su efecto puede ser negativo solo si el conocimiento transferido fuera incorrecto o inútil, y el efecto sería nulo si los participantes estuvieran desinteresados, desmotivados, no estuvieran en la capacidad de entender.
A quiénes y cómo se deben dirigir los programas de educación financiera
La educación financiera debe ser dirigida a todos los segmentos de la población, pues la evidencia muestra que consumidores altamente educados, con altos niveles de ingreso pueden ser tan ignorantes acerca de temas financieros como los consumidores menos educados y con menores ingresos. Una investigación conducida por la OECD indica que el nivel de alfabetismo financiero es bajo en la mayoría de países, incluyendo los países desarrollados (OECD 2006); asimismo, la “confusión” financiera aumenta mientras menos bancarizada es la población (Piprek 2003). Por ello, antes de brindar educación financiera, se debe persuadir a los ciudadanos de que ésta es necesaria (OECD 2006).

Sin embargo, la educación financiera no puede brindarse de la misma forma a toda la población, es necesario que los programas se adapten a las características y necesidades de la población receptora. La educación financiera debe proveerse de manera diferente de acuerdo con al menos dos categorías: por rango de edad (educación financiera para adultos, jóvenes y niños) y por grado de bancarización (educación financiera para población bancarizada y no bancarizada). Asimismo, los programas de educación financiera –los contenidos, los materiales y los trainers-, para lograr mayor efectividad, deben ajustarse a los rasgos idiosincrásicos de la población objetivo (costumbres, estilos de vida, idioma), a su grado de alfabetización, a las actividades que realizan, y a sus necesidades y objetivos.
Se considera que por los riesgos que implica la falta de educación financiera para las poblaciones de menores ingresos, rurales y no bancarizadas –que por lo general se concentran en el mismo grupo- y por los mayores beneficios que les reportaría, es prioritario brindársela, sobre todo en países en desarrollo, como un medio de inclusión. Pero proveer educación financiera a los pobres es un gran reto debido a los bajos niveles de alfabetismo que presentan, lo cual es un problema para definir el contenido de las actividades de aprendizaje y los vehículos apropiados para su provisión (Cohen 2006). Tampoco se puede dejar de considerar que la educación financiera es un proceso que genera resultados en el mediano o largo plazo, pero sus costos deben ser afrontados en el corto plazo (Schreiner 2001).
La educación financiera para los pobres en países en desarrollo necesita investigación sobre las mejores formas de proveerla, el desarrollo de herramientas y materiales útiles para el entrenamiento de trainers y para los participantes (identificar organizaciones que apoyen para lograr esto), programas piloto, y desarrollar indicadores para evaluar los resultados e impactos de la educación financiera (Sebstad 2003).
En general, Cohen (2006), a partir de estudios de caso para países en desarrollo, propone desarrollar los programas de educación financiera y proveerlos siguiendo cinco pasos:
- investigación de mercado para identificar las prioridades temáticas para la educación financiera
- síntesis de lo encontrado en la investigación de mercado para definir los cambios deseados en el comportamiento
- identificación de los conocimientos, habilidades y actitudes de la población para definir los contenidos
- determinación del contenido de cada actividad de aprendizaje y en que contribuirá a los objetivos básicos a alcanzar
- análisis de las opciones de provisión para determinar el mejor esquema de entrenamiento.
Junto con ello, una herramienta adicional para lograr un programa de educación financiera mejor diseñado es aprender de clientes que presenten desviaciones positivas, es decir de aquellos cuyos comportamientos difieran de la norma y muestren resultados positivos –donde la norma son prácticas no deseables-, identificando qué hizo posible dicho cambio positivo en su comportamiento financiero (Cohen 2006).
El objetivo de la educación financiera es producir un cambio de comportamiento de los agentes económicos, de tal manera que desarrollen sus habilidades sobre sus finanzas personales y mejoren la forma en la que administran sus recursos financieros (Cohen 2006, Sebstad 2003, Trivelli 2009). En este sentido, los programas de educación financiera deben ser diseñados para lograr ese cambio. No obstante, la alfabetización financiera es una habilidad que se adquirirá y mostrará resultados sólo después de que los conceptos básicos sean entendidos; para que la educación refleje un cambio en el comportamiento se requiere un mayor horizonte de tiempo, por ello, los involucrados deben fijarse periodos de tiempo realistas mientras intentan empezar con el negocio de la educación financiera (Piprek 2003).
Se considera entonces que un programa de educación financiera puede cubrir un amplio rango de temas, desde cómo manejar los flujos de ingreso, construir activos, manejar riesgos, hasta planear para el futuro (Sebstad 2003). En el caso de las poblaciones desprotegidas, ellos deben ser educados sobre todo en el manejo de dinero y de su patrimonio de acuerdo con un plan de vida –ahorros, deudas, seguros y pensiones (Dufays 2009, OCDE 2006). Cohen y compañía (2006) proponen cinco áreas temáticas que deben ser incluidas en los programas de educación financiera, los comportamientos actuales, y los cambios que se espera registrar a partir de su enseñanza:

En materia de comunicación, Schreiner y compañía (2001) afirman que en la provisión de la educación financiera existen tres retos: (1) se debe traducir el lenguaje abstracto y complejo de las microfinanzas en términos concretos y simples, (2) se debe llegar a diferentes niveles de alfabetización, (3) dar atención apropiada a las diferencias culturales (Clancy 2001). No obstante, el entrenamiento de los que finalmente darán la educación financiera (trainers) puede ser estandarizado y adaptado luego por ellos a cada realidad cultural.
Pero los vehículos de provisión de educación financiera no incluyen solamente materiales como libros, revistas o clases con un trainer. En países en desarrollo, la tecnología wireless puede abrir el acceso a los servicios financieros a muchas personas excluidas ahora de ellos, creando acceso a ellos en cualquier momento y lugar, mientras reduce radicalmente los costos de transacción. No obstante, esto puede llevar a una “división digital más profunda”, sobretodo porque las relaciones entre prestamista y prestatario se vuelven más impersonales, con lo que sólo se llegaría a las personas que dominen bien las nuevas tecnologías y a las que se puedan adaptar a este cambio (CGAP 2006). Pero antes del mundo wireless, las bodegas (pequeñas tiendas), estaciones de gasolina, y otras tiendas con celulares han permitido llevar servicios financieros a las poblaciones más pobres y alejadas; de la misma forma, través de ellos, se puede distribuir material virtual o de audio sobre educación financiera.
Adicionalmente, es necesario destacar que la educación financiera no es implica solamente la transmisión de información y capacidades de negociación, sino que requiere de una práctica en el uso de productos y servicios financieros para lograr convertirse en cultura financiera.
Por otro lado, si bien la literatura ha demostrado lo difícil que es evaluar los programas de educación financiera, los que han sido evaluados han mostrado ser efectivos (OECD 2006). Programas financieros efectivos deben reflejar una mejora tanto en el entendimiento como en el comportamiento financiero (Piprek 2003: 15). Así, una vez diseñado el programa, los tópicos a ser tocados y a través de qué medios, es importante determinar cuál es el número óptimo de horas de educación financiera que se debe proveer, y en el caso de que la población esté dispuesta a pagar por él, determinar el precio del programa.
El estudio de Clancy (2001) para el programa Individual Development Accounts –IDA- en 2000 muestra que los programas que duran entre 0 a 12 horas (y sobre todo entre 7 y 12 horas), tienen grandes efectos positivos sobre el monto ahorrado y la frecuencia de los depósitos; después de ese punto, los efectos son decrecientes (Clancy 2001), aunque muchos factores además de la educación financiera adicional pueden explicar esta aparente caída. El mismo resultado es encontrado por Schreiner (2001: 119) para 14 programas de educación financiera American Dream Demonstration –ADD-, programas IDA, llevados a cabo en Estados Unidos de 1997 a 2001. Con respeto a la inclusión de cursos de educación financiera en la currícula escolar (dirigidos a jóvenes), esto ha hecho posible aumentar significativamente el número de alumnos que toman estos cursos, y una subsecuente acumulación de activos una vez que ellos alcanzaron la adultez, aunque estos efectos fueron graduales y no inmediatos (Bernheim 1997).
¿Quién debe brindar educación financiera?
En países en desarrollo, la mayoría de programas de educación financiera para poblaciones rurales y de bajos ingresos son y han sido ofrecidos en localidades específicas por Organizaciones No Gubernamentales y financiados por fundaciones filantrópicas internacionales (CGAP 2005). En la última década, en países en desarrollo, también las cajas de ahorro y otros bancos minoristas, socialmente comprometidos, realizan cada vez más operaciones financieras en zonas geográficas excluidas, son los más identificados con la oferta de cuentas accesibles –proveyendo cerca de las ¾ partes del total de dichas cuentas- y son activos en el desarrollo de la educación financiera (WSBI 2006: 21).
Una gran parte de la comunidad microfinanciera cree que el mejor rol del gobierno es crear un ambiente político amigable para los servicios microfinancieros y no que él los provea directamente. En países populistas de Latinoamérica nuevos programas estatales de crédito subsidiado pueden sacar del mercado a instituciones microfinancieras y destruir la cultura del repago, en la medida que muchos clientes consideran los préstamos del Estado como transferencias sociales y políticas y no se sienten obligados a repagarlas. No obstante, realizando buenas prácticas en la provisión de servicios financieros para los pobres –siendo competitivos- los gobiernos pueden proveer estos servicios directamente y de manera efectiva (CGAP 2006), lo cual se ha hecho posible a través de la intervención de la banca de desarrollo.
Las estrategias de provisión de educación financiera por parte de los Estados latinoamericanos han dado un rol preponderante a los Bancos Centrales –como en el resto del mundo- y a las Superintendencias de Banca, pero los programas ofrecidos han sido y son dirigidos a poblaciones bancarizadas y urbanas.
Programas de educación financiera en América Latina
Programas orientados a niños y jóvenes
Los programas de educación financiera dirigidos a los niños son importantes en la medida que es más fácil cambiar los comportamientos a edades más tempranas, pero sus impactos solo se observarán en el largo plazo. Asimismo, los programas orientados a jóvenes son efectivos en tanto que ellos pueden influir en el comportamiento financiero de los padres y tomar mejores decisiones al llegar a la adultez (Gómez 2009). No obstante, en América Latina se han desarrollado pocos programas dirigidos a niños y jóvenes, y ellos han sido llevados a cabo a través de las escuelas (como es la tendencia en países desarrollados).
En Costa Rica el programa “Ahorremos por un Futuro Mejor” lanzado por el Banco Nacional de Costa Rica con apoyo de la banca privada y dirigido a niños de cuarto grado de todas las escuelas públicas del país se está llevando a cabo por segundo año consecutivo, teniendo como ejecutores a la Superintendencia de Entidades Financieras, el Banco Central de Reserva y el Ministerio de Educación Pública de Costa Rica (Gómez 2009: 17). El programa “Más Allá del Dinero” impulsado por HSBC y Junior Achievement en El Salvador, empezó en abril de 2009 y será impartido durante tres años en 49 escuelas del país (Gómez 2009: 17).
La Superintendencia de Banca y Seguros de Perú lleva a cabo desde 2009 (en el marco del Nuevo Diseño Curricular 2009, en conjunto con el Ministerio de Educación) el programa “Aula Virtual SBS” que busca difundir en línea material de apoyo para los maestros y material de autoaprendizaje para los estudiantes de secundaria; el programa ha sido brindado en cinco regiones del país y ha asesorado a 488 docentes de 191 instituciones educativas. De esta manera, el programa está dirigido solamente a una parte de la población (jóvenes con acceso al servicio de Internet, de zonas urbanas familiarizados con el sistema financiero en el caso del autoaprendizaje) y se trata de instrucción a quienes finalmente proveerán de educación financiera (trainers). El programa contempla no solo temas como la información acerca de los productos financieros tradicionales como créditos y ahorros, sino también sobre seguros, el sistema de pensiones, manejo del presupuesto, entre otros temas.
Programas de educación financiera para adultos
Los programas de educación financiera en América latina aun no se han masificado. Una de las principales razones puede ser los altos costos por participante del programa, los mismos que son asumidos por completo por el ente proveedor de educación financiera, pues es muy poco probable que los participantes asuman dichos costos (Cohen 2006). Otra razón puede ser la forma en que se financian estos programas, pues muchos de ellos son financiados por organismos internacionales (Fundación Citi, Freedom from Hunger, Microfinance Opportunities) o por organismos públicos que no proveerán de dicho financiamiento sostenidamente –es decir pueden dejar de financiar los programas de educación financiera en cualquier momento- (Gómez 2009: 5).
En Perú existen dos programas del Estado que buscan vincular a las familias rurales al sistema financiero a través del microahorro: el Proyecto de Desarrollo Corredor Puno-Cusco y el Proyecto Sierra Sur. Ambos programas trabajan con pobladores rurales de la sierra sur del país, el programa de inserción financiera se realiza con mujeres. La educación financiera provista en el marco de estos proyectos busca crear confianza en el sistema financiero, fortalecer la disciplina de ahorro regular, favorecer el desarrollo de una cultura de ahorro monetario, crear habilidades de negociación y enseñar acerca de los diversos productos financieros existentes (Trivelli 2009).
El programa de educación financiera para adultos de la Asociación de Bancos de México (ABM) a diferencia del programa salvadoreño, parte de una noción de equidad por lo que considera importante enfocar la educación financiera en dos grupos: la población bancarizada y la no bancarizada. Entre los objetivos del programa se encuentran crear conciencia sobre los temas de ahorro, crédito y manejo de dinero, y mostrar que el sistema financiero es un aliado para la acumulación de activos (Gómez 2009: 13).
El Banco Central de Reserva de El Salvador y las Superintendencias del Sistema Financiero, de Valores, Pensiones y el Instituto de Garantía de Depósitos llevan a cabo un programa de educación financiera para adultos con la misión de promover el conocimiento de productos y servicios financieros, sus beneficios, costos, obligaciones y riesgos entre los usuarios. Este es, entonces, un programa orientado a mejorar el conocimiento y habilidades de poblaciones que ya son parte del sistema financiero formal, mas no busca promover el proceso de bancarización (Gómez 2009: 12-13).
Ha habido cierto enfoque sobre educación financiera de parte de las instituciones microfinancieras en países en desarrollo, pero el énfasis se ha dado más bien en el planeamiento y administración de negocios, y no en temas relacionados a la administración de las finanzas personales y familiares o haciendo inversiones estratégicas o decisiones financieras (Sebstad 2003).
Los programas de educación financiera dirigidos a poblaciones adultas y no bancarizadas son prácticamente inexistentes en la región, pero sí existen programas internacionales dirigidos a ellos, en los que varios países latinoamericanos participan a través de diferentes organizaciones no gubernamentales o privadas. El Global Financial Education Program tiene a Bolivia (Promujer) como uno de sus desarrolladores iniciales a nivel mundial, y como parte del programa de Training of Trainers –que consiste en un mismo módulo genérico de entrenamiento para quienes proveen finalmente la educación financiera adaptándola a su realidad cultural- participan también :
- Bolivia: Crédito con Educación Rural, Centro Afin
- Brasil: Banco Popular do Brasil (del Banco do Brasil), Banco do Nordeste do Brasil, Caixa Econômica Federal, Confebras, entre otros
- Colombia: Fundación WWB, ACCION Dialogos de Gestiones, Banco de la República, Asobancaria, entre otros
- República Dominicana: Asociación Dominicana para el Desarrollo de la Mujer – ADOPEM
- Chile: Fondo Esperanza, The Boulder Microfinance Institute
- Perú: Colectivo Integral de Desarrollo – CID, COPEME
- México: BANSEFI, Alcance
- Ecuador: Red Financiera Rural.
El programa Hábitat imparte cursos de capacitación para el financiamiento de la compra de viviendas Hábitat, pero también incluye en sus tópicos la administración de recursos, el presupuesto y el ahorro, y la capacitación sobre los derechos y responsabilidades del prestatario; todo ello en cursos de 8 horas. Este programa lleva 3 años en los cuales ha capacitado a más de 7 mil familias en Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, República Dominicana y Trinidad y Tobago (Gómez 2009: 12).

El programa Appleseed llevado a cabo en Estados Unidos, México y Guatemala ha desarrollado folletos informativos en Español y Maya sobre la recepción de remesas, seguros, administración y protección del dinero, fraude, transparencia, comparación de servicios financieros, entre otros; ellos han sido acompañados de spots de radio y entrevistas en televisión y radio tanto en México como en Guatemala (Cortázar 2009).
El papel de la banca de desarrollo en la provisión de educación financiera
Los bancos centrales y las entidades supervisoras o reguladoras del sistema financiero, a nivel latinoamericano, han canalizado en los últimos años diversos esfuerzos en la provisión de educación financiera. La Superintendencia de Banca y Seguros y el Ministerio de Educación del Perú han trabajado conjuntamente en un programa de educación financiera dirigido a jóvenes de cuarto y quinto año de secundaria y a la capacitación de profesores en 191 escuelas del país. En Costa Rica la Superintendencia de Entidades Financieras, el Banco Central de Reserva y el Ministerio de Educación Pública de Costa Rica desarrollaron el programa “Ahorremos por un futuro mejor” dirigido a niños de cuarto grado de todas las escuelas públicas del país.
La banca de desarrollo de la región ha incursionado en la provisión de educación financiera a través de diferentes canales. De las entidades financieras de desarrollo de América Latina que poseen cartera rural (35 instituciones), se ha identificado que solamente nueve de ellas tienen iniciativas o algún programa de educación financiera, tres de ellas operan bajo la modalidad de primer piso, cuatro son de segundo piso y dos operan en el primer y segundo pisos.
El programa Training of trainers realizado a nivel mundial por Freedom from Hunger y Microfinance Opportunities tiene alianzas solamente con tres bancos de desarrollo de América Latina: Banco do Brasil (a través del Banco Popular), Banco do Nordeste do Brasil y el Banco del Ahorro Nacional y Servicios Financieros de México (BANSEFI). Los dos bancos brasileños se limitan a dicha estrategia de capacitación de educación financiera (sujeto a cambios según la información que se obtenga), mientras que BANSEFI ha desarrollado también, en conjunción con estos organismos internacionales, un programa de cultura financiera dirigido a poblaciones no bancarizadas, y además ha creado para ellas cuentas de ahorro sin cargos que se pueden abrir con un mínimo de 5 dólares y que pagan la tasa de interés del mercado.
En Perú, el Banco de la Nación ha concretado la implementación de un módulo de Educación Financiera con la Fundación de Cajas de Ahorro Alemanas, que iniciará en 2010. Por su parte, la Corporación Financiera de Desarrollo (COFIDE) brinda educación financiera a través del Programa Inclusivo de Desarrollo Empresarial (PRIDER), el cual busca mejorar las condiciones de vida de las familias rurales pobres integrándolas de manera eficiente y sostenible al mercado ofreciéndoles herramientas de organización, gestión empresarial, formación de capital, entre otras, que contribuyan a la construcción de una institucionalidad propia y a su empoderamiento.
El Banco Multisectorial de Inversiones de El Salvador, junto con PROMIFIN, FUNDAMICRO y la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación, lleva a cabo actualmente el programa “Educación Financiera para la Familia”. El programa es un curso gratuito en línea que cuenta con cinco módulos de aprendizaje: presupuesto, ahorro, deuda, negociaciones y servicios bancarios. Los módulos son amenos, con juegos y en un lenguaje fácilmente entendible. El programa busca enseñar a las familias a dar prioridad a las necesidades básicas de la familia para pasar luego a los gastos no imprescindibles .
Como parte del programa de educación financiera de la Asociación de Bancos de México, Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA) de México ha desarrollado una guía teórico-práctica de educación financiera para el sector agropecuario. El Banco de Comercio Exterior de Colombia (Bancoldex) tiene también una iniciativa de provisión de educación financiera a través del programa nacional Banca de las Oportunidades. Asimismo, el Banco República del Uruguay, el Banco Popular y de Desarrollo Comunal de Costa Rica, y el Banco de Desarrollo Económico y Social de Venezuela han desarrollado iniciativas en materia de educación financiera.
Conclusiones
La educación financiera es una herramienta importante para lograr bancarizar a las poblaciones rurales y a las más pobres, y de esta manera lograr una inclusión no solamente financiera. Programas de educación financiera diseñados adecuadamente deben incluir no solamente información sobre los productos crediticios (para evitar el sobre endeudamiento), cuentas de ahorro (como acumulación de activos) y seguros, sino también sobre planeamiento del presupuesto, teniendo en cuenta que el objetivo de los programas es generar cambios en el comportamiento financiero de los participantes del programa, lo cual significará un beneficio no sólo para los clientes sino también para las instituciones financieras.
No obstante, la educación financiera es sólo una parte del paquete de políticas que se deben adoptar para lograr el fin último de inclusión. En este sentido, en los países latinoamericanos el primer paso desde la provisión de la educación financiera, y el más grande, es hacer que se regrese o se genere confianza de la población en el sistema financiero.
Se debe tomar en cuenta también que los programas de educación financiera se deben condecir con el resto de políticas llevadas a cabo en materia de inclusión financiera. Por ejemplo ante la crisis actual, políticas de fondos de compensación que paguen todas las deudas incentivarán el repago y terminarán con lo avanzado por la educación financiera al generar nuevamente una desconfianza en el sistema financiero o al creer que las deudas siempre serán condonadas.
Finalmente, los bancos de desarrollo –sobre todo los que tienen alta cobertura en áreas rurales- son potenciales agentes proveedores de educación financiera a las poblaciones más pobres, pues brindándola a través de ellos se podrían reducir costos de transacción –que son los que generalmente impiden su masificación-, y son entes que persiguen genuinamente un objetivo de inclusión de dichas poblaciones.
Los bancos de desarrollo son los agentes indicados para brindar educación financiera a las poblaciones más pobres por dos razones. Primero, proveer educación financiera a través de la banca de desarrollo haría posible expandir la educación financiera a los sectores rurales y de más bajos ingresos con metodologías más acorde con las características de su medio, pues estos bancos poseen amplia cobertura –principalmente en áreas rurales- y conocen las características de la población, lo cual significaría una reducción de costos de transacción que son los que generalmente impiden la masificación de los programas . Segundo, los bancos de desarrollo son entes que persiguen genuinamente el objetivo de inclusión de las poblaciones pobres y rurales, es decir no tienen intereses que impidan proveer de educación financiera a sus clientes (y no clientes), sino que más bien hacerlo reforzaría su principal objetivo de generar desarrollo.
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Entendida como la transmisión de “conocimiento, habilidades y actitudes necesarias para que la gente pueda adoptar buenas prácticas de manejo de dinero para la generación de ingreso, gasto, ahorro, endeudamiento e inversión”. La alfabetización financiera es la “habilidad de tener un juicio informado y tomar decisiones efectivas sobre el uso y manejo del dinero” (Gómez 2009: 8).
Se debe resaltar que la mayoría de estudios que evalúan el impacto de la educación financiera muestran su influencia positiva en el ahorro, y sólo algunos su efecto con respecto a planeación de presupuestos, productos de crédito y seguros, etc (FSA 2008).
ROSCA (Rotating Savings and Credit Association): Asociación de fondos rotatorios y crédito. ASCA (Accumulating Savings and Loans Association): Asociación de acumulación de fondos y préstamos.
Más del 80% de los hogares poseen cuentas bancarias en países de altos ingresos, mientras que menos del 20% las tienen en países de bajos ingresos. En los países más pobres como Bangladesh o Sudan la cifra es cercana a 0% (CGAP 2006).
Un ejemplo de los riesgos de la falta de cultura financiera en la población es, para Gómez-Soto, la adquisición masiva de créditos hipotecarios sub prime –que originó la crisis global actual- por parte de agentes mal informados acerca del producto financiero que estaban adquiriendo, lo cual ha llevado a los responsables de política a pensar en la educación financiera como un instrumento necesario de políticas para evitar crisis futuras (Gómez-Soto 2009: 7).
Sin embargo, es posible que instituciones no estén invirtiendo en educación financiera como sería socialmente deseable pues privadamente pueden evaluar que la inversión en educación financiera puede constituir un servicio gratuito para otros intermediarios con los que compite.
Mientras los sistemas informales de ahorro, crédito y seguros continúan siendo de importancia primaria en las estrategias de manejo de dinero por los pobres, la industria microfinanciera está jugando un rol cada vez más importante (Sebstad 2003).
Por ejemplo, haría falta acompañar los programas de educación financiera con la promoción de la intervención de instituciones financieras en ámbitos rurales, y la construcción de infraestructura de comunicación –que permita la integración al mercado- pues la educación financiera no tendría efectos importantes en las poblaciones receptoras si no existen agencias de instituciones financieras formales al alcance y si los mercados son además poco dinámicos.
En Japón, 71% de los encuestados no sabía nada acerca de la inversión en acciones y bonos. Los estudiantes de secundaria (high-school) de Estados Unidos desaprobaron un examen diseñado para examinar su habilidad para escoger y manejar una tarjeta de crédito o ahorrar para el retiro. En Australia, 67% de los encuestados dijo entender el concepto de interés compuesto, pero solo 28% encontró la respuesta correcta a un problema usando dicho concepto. (OECD 2006)
Los costos de los programas de educación financiera incluyen los costos para el proveedor y los costos para la población receptora, en términos monetarios (si el programa tiene un costo) y de tiempo.
Este es el caso del módulo genérico Trainer’s Guide y el manual Training-of-Trainers (TOT) del Global Financial Education Program para países en desarrollo; un beneficio de esto es la reducción de costos de investigación de mercado, diseño del programa e implementación y test de un piloto (Fuente: www.globalfinancialed.org).
Una investigación de Global Financial Education Program encontró que los hogares de bajos ingresos tienen una predisposición a cruzar la barrera digital/tecnológica y a conducir sus transacciones financieras a través de banca virtual (Cohen 2008).
Encuestas a los participantes del programa de educación financiera Al Amana en Marruecos afirmaron estar dispuestos a pagar entre 3 y 10 dólares por el programa, reconociendo los efectos positivos que les reportaría (Cohen 2006).
El programa espera capacitar alrededor de 90 000 estudiantes en el 2009 (Gómez 2009: 17)
Proyecto de Desarrollo Corredor Puno-Cusco: www.corredorpuno-cusco.org
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